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El mayor mandamiento

diciembre 4, 2020

Hace unos días, mientras coordinaba un grupo de estudios espiritistas en el centro espírita del que soy miembro, le propuse a uno de los alumnos abrir al azar el Evangelio según el Espiritismo. Es interesante darse cuenta de que de todas las ocasiones en las que hice esto, el mismo capítulo cayó varias veces, independientemente de la persona que lo abrió. Y en esa ocasión volvimos a tener la oportunidad de reflexionar e intercambiar opiniones sobre el texto titulado “El mayor mandamiento”. En este discurso Jesús afirmó que el mayor mandamiento es “amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”. Tenía curiosidad y me preguntaba por qué este texto volvió a caer en nuestros estudios. Llegué a la conclusión de que la razón es simple: ¡es porque el amor sigue siendo la mayor necesidad del ser humano! El hombre necesita muchas cosas 

En este pasaje de Jesús, muchos prefieren tomar el mensaje desde un punto de vista literal, es decir, que simplemente necesitamos amar a Dios (esa figura del emperador que está en lo alto de los cielos) y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tan simple como eso. Pero Jesús era demasiado sabio para hablar con tanta sencillez. Creo que hay un significado aún más esotérico (oculto) para esa oración. Después de todo, podemos preguntarnos: sabiendo que Dios es una fuerza inmanente en toda la creación, ¿hay alguna forma de amar a Dios sin amar la vida en general? Si todo está conectado y todo corresponde a la misma realidad, ¿cómo podemos amar a Dios sin amar la vida o amar la vida sin amar a Dios? ¿O es posible amar a tu prójimo sin amarte a ti mismo o amarte a ti mismo sin amar a tu prójimo? Algunos dirían que sí

Jesús conocía la vida en toda su profundidad y amplitud, sabía que si se animaba a las personas a amar a Dios y al prójimo como a sí mismas, no quedaría nada que no fuera contemplado por nuestro amor. Y eso es perfectamente lógico, porque solo podemos alcanzar ese nivel de amor dejando de lado las facetas de nuestro ego. Sólo el ego puede mantenernos en la ilusión de pensar que es posible amar a unos a expensas de otros; que el amor solo es posible bajo ciertas condiciones. 

De hecho, la ignorancia del hombre a lo largo de los siglos lo ha llevado a crear un conjunto de normas y mandamientos debidamente basados ​​en una noción de Leyes Superiores. ¿Pero todos estos mandamientos realmente no son redundantes? ¿Podrá alguien que ama como enseñaron los grandes maestros robar, dañar la vida de otro o causarle algún daño? ¡No parece posible! 

Creo que hoy podemos absorber toda la profundidad de esta gran enseñanza, que es simplemente amar. Amar pura y simplemente por el placer de amar. Por qué amar es el verdadero camino de la luz y el sentido de la vida. Por qué los que aman no conocen otra realidad. Este es el mayor y único mandamiento.